Marzo 2025
¿Tu hijo se distrae en clases? La importancia del movimiento y cómo elegir un colegio que realmente funcione

Muchos apoderados hoy se hacen la misma pregunta:
«¿Por qué a mi hijo le cuesta concentrarse en el colegio?»
Aunque suele atribuirse a la tecnología o la falta de motivación, la evidencia científica apunta a un factor estructural: la falta de movimiento en el sistema educativo tradicional.
El problema: estudiantes sedentarios y bajo rendimiento
Diversos estudios han demostrado que los estudiantes pasan gran parte de su jornada en actividades sedentarias, lo que impacta negativamente tanto su salud como su desempeño académico (Tremblay et al., 2016).
Además, la inactividad prolongada se asocia con:
- Menor capacidad de atención
- Disminución del rendimiento académico
- Mayor fatiga cognitiva
En contextos escolares, incluso con clases de educación física, el tiempo total de movimiento sigue siendo insuficiente para contrarrestar largas horas sentados (Mayorga-Vega et al., 2020).
Movimiento y aprendizaje: una relación directa
La relación entre actividad física y aprendizaje está ampliamente documentada.
Una revisión sistemática encontró que la actividad física mejora funciones ejecutivas clave como la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y el control inhibitorio (Donnelly et al., 2016).
Asimismo, estudios han evidenciado que estudiantes físicamente activos tienden a obtener mejores resultados académicos, especialmente en áreas como matemáticas y lectura (Singh et al., 2019).
En términos simples: el movimiento no interfiere con el aprendizaje, lo potencia.
El modelo tradicional: una estructura que limita el aprendizaje
A pesar de la evidencia, el sistema educativo sigue basado en dinámicas pasivas: clases largas, poca flexibilidad y escasa integración del movimiento.
Esto genera una desconexión entre cómo aprenden los estudiantes y cómo se les enseña, lo que impacta directamente en la motivación y el compromiso escolar (OECD, 2019).
Educación online: una alternativa que permite aprender mejor
Frente a este escenario, la educación online surge como una alternativa que permite abordar este problema desde la raíz: el formato educativo.
A diferencia del modelo tradicional, ofrece flexibilidad para reorganizar la experiencia de aprendizaje de forma más saludable y efectiva.
¿Por qué la educación online puede mejorar la concentración y el aprendizaje?
- Flexibilidad para integrar movimiento
La posibilidad de organizar el tiempo permite intercalar estudio con actividad física, lo que favorece la concentración y reduce la fatiga (Donnelly et al., 2016).
- Clases más cortas y efectivas
Los entornos digitales tienden a utilizar sesiones más breves, lo que mejora la atención sostenida (OECD, 2020).
- Aprendizaje personalizado
La educación online facilita adaptar los ritmos de aprendizaje, lo que ha demostrado mejorar el compromiso y los resultados académicos (Pane et al., 2017).
- Reducción del estrés escolar
Ambientes más flexibles y autónomos se asocian con mayor bienestar y menor ansiedad en estudiantes (OECD, 2019).
No es solo estudiar desde casa, es aprender de forma más natural
La evidencia sugiere que los entornos de aprendizaje que combinan autonomía, flexibilidad y actividad física favorecen un desarrollo más integral del estudiante (Singh et al., 2019).
Por eso, cada vez más familias buscan alternativas que:
- Mejoren la concentración
- Reduzcan el estrés
- Se adapten a las necesidades reales de sus hijos
Conclusión
Si un estudiante tiene dificultades para concentrarse, no siempre es un problema individual. Muchas veces, es el resultado de un sistema que no considera cómo funciona realmente el aprendizaje.
La educación online, bien diseñada, permite algo fundamental: volver a alinear el aprendizaje con la naturaleza del ser humano —activa, dinámica y en movimiento.
Referencias (formato APA con URL)
- Donnelly, J. E., Hillman, C. H., Castelli, D., Etnier, J. L., Lee, S., Tomporowski, P., Lambourne, K., & Szabo-Reed, A. N. (2016). Physical activity, fitness, cognitive function, and academic achievement in children: A systematic review. Medicine & Science in Sports & Exercise, 48(6), 1197–1222. https://doi.org/10.1249/MSS.0000000000000901
- Mayorga-Vega, D., Parra Saldías, M., & Viciana, J. (2020). Niveles de actividad física durante las clases de educación física en estudiantes chilenos. Retos. https://revistaretos.org/index.php/retos/article/view/69238
- OECD. (2019). PISA 2018 Results (Volume III): What School Life Means for Students' Lives. https://www.oecd.org/pisa/publications/pisa-2018-results-volume-iii-acd78851-en.htm
- OECD. (2020). Education in the digital age: Healthy and effective use of technology. https://www.oecd.org/education/education-in-the-digital-age.htm
- Pane, J. F., Steiner, E. D., Baird, M. D., & Hamilton, L. S. (2017). Informing progress: Insights on personalized learning implementation and effects. RAND Corporation. https://www.rand.org/pubs/research_reports/RR2042.html
- Singh, A. S., Saliasi, E., Van den Berg, V., Uijtdewilligen, L., De Groot, R., Jolles, J., Andersen, L. B., Bailey, R., Chang, Y. K., Diamond, A., Ericsson, I., Etnier, J., Fedewa, A., Hillman, C., McMorris, T., Pesce, C., Pühse, U., Tomporowski, P., & Chinapaw, M. J. (2019). Effects of physical activity interventions on cognitive and academic performance in children and adolescents: A meta-analysis. British Journal of Sports Medicine, 53(10), 640–647. https://bjsm.bmj.com/content/53/10/640
- Tremblay, M. S., Aubert, S., Barnes, J. D., Saunders, T. J., Carson, V., Latimer-Cheung, A. E., Chastin, S. F., Altenburg, T. M., & Chinapaw, M. J. (2016). Sedentary behavior research network (SBRN) – terminology consensus project. International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, 14(1). https://ijbnpa.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12966-017-0525-8